PLANO FINAL: ADIÓS 2024
Escribe Beckett: “Todos los pueblos del mundo no serían suficiente, al término de los miles de millones se necesitaría un dios, testigo sin testigo de los testigos, qué bendición que haya sido todo en vano, nada ha empezado siquiera nunca, nada nunca más que nada y nunca, nunca nada más que palabras sin vida”. Hay en tan poco tanto para interpretar que es difícil saber por dónde empezar. El final, solo el final: “nunca nada más que palabras sin vida”. ¿Por qué insistir en escribir? ¿Por qué, además, dedicarse a la crítica de cine y a escribir textos o ensayos en relación con el cine? ¿Quedan aún lectores? Y si existen, ¿se podrá justificar en este espacio la eventual fidelidad de quienes dedican un tiempo a nuestro sitio?
“Palabras sin vida”. También “imágenes sin vida”. Doble dilema.
Recordar un año, emplear palabras para volver a darle existencia a un plano que ya pasó o a una película vista. Todo indica que es una tarea estéril. Obstinación, quizás, algo de amor, no renunciar al deseo de hacerlo y seguir el envión de la voluntad. ¡Cosa misteriosa la voluntad, incluso más que la conciencia! No son temas de cine.
Lo que sigue a continuación fue redactado en noviembre. Faltaría nombrar otras películas que se estrenaron y son excelentes: Dahomey, Algo viejo, algo nuevo, algo prestado, Popular tradición de esta tierra (se ha escrito mucho sobre todas en este sitio). Hay más argentinas para destacar, pero el texto se atenía a los estrenos en sala. Para otras películas argentinas y extranjeras está La Internacional Cinéfila.
Breve aviso: desde hoy hasta el próximo lunes 13, quienes hacemos el sitio t
omaremos nuestro receso. El lunes de la semana que viene volveremos. El año en curso tendrá cambios de todo tipo. Nuevas firmas, proyectos que exceden la escritura y también un nuevo diseño para la página. No diré nada, ni siquiera diré mucho más en la carta abierta que abrirá la semana que viene el año oficialmente. No anunciaremos nada hasta que las cosas estén listas. En esto sí, es mejor hacer que hablar.
Mientras, lo que queda del año que fue. El plano final, un fin. El 2025 ya está en marcha. La batalla continúa, la contienda persiste. Y no solo en Argentina.
***
Exigido por las circunstancias y tras prepararse en aislamiento para una gran carrera, el jinete monta sobre el vigoroso caballo recién llegado de Japón. El hipódromo de Buenos Aires está colmado. La largada es promisoria, pero en la primera curva del circuito el animal desobedece y se estrellan juntos contras las rejas que separan la pista de la calle. Corte, elipsis. Ahora, el jinete permanece en coma, los médicos creen que es irreversible. Inesperadamente, despierta, mira a su alrededor, ve un tapado de piel. Corte, elipsis. El jinete luce como una señora. Se escapa del hospital y empieza a caminar por las calles porteñas. En la noche, todavía caminando, unos niños lo reconocen como su madre. Quizás lo fue. Muchas personas viven en la vereda con sus muebles, es el hábitat de los desposeídos. Mientras todo eso sucede, tres matones buscan al jinete devenido en mujer.
El párrafo precedente es la glosa de una de las películas argentinas más vistas del año. En efecto, más de 120.000 espectadores eligieron El jockey de Luis Ortega. Si se presentará hoy a concurso, en el papel, la película de Ortega tendría mínimas chances de ser filmada. ¿Quién habría de apostar por algo así? El nuevo criterio de quienes deciden las partidas de dinero en el INCAA no es estético, sino económico; supone que la validez para apoyar financieramente a una película se justifica en su potencial atractivo de taquilla. ¿O acaso el poder profético de los facultados es infalible y estos reconocerían que el surrealismo hermoso y delirante de Ortega es justo lo que el público quiere ver? Cierto: ellos la ven.
El denuesto nuestro de cada día
Apenas asumió el actual presidente Javier Milei, hizo saber de inmediato que no había plata; el ajuste era el método, el déficit cero, el telos. Las primeras declaraciones sobre el futuro del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) estaban en consonancia con la brutal mentalidad economicista que domina la vida simbólica en Argentina. De acá en más, el cine se medirá por los números: la estética será una disciplina perimida, la cultura, un dominio que deberá prescindir, en la medida de lo posible, del apoyo del Estado. Para que así sea, se pergeñó una estrategia que habría de demostrar la necesaria separación de la producción cinematográfica respecto de la participación estatal. La autarquía del INCAA y su eficiente modelo de producción y exhibición, que no generaba pérdidas, resultaron deslegitimados por reiteradas acciones retóricas.
Táctica: verter silogismos escandalosos. Ejemplo: el hambre de los niños del Chaco está relacionado con las películas argentinas que nadie ve. La temeraria afirmación tiene una robustez epistemológica equivalente a una tirada de I-Ching, pero que puede llamar a la indignación como si fuera cierta es indesmentible; se dice cualquier cosa, se admite cualquier cosa, otro signo de la pobreza espiritual de nuestro tiempo.
Cada tanto, el ultrajante portavoz del gobierno señala “espontáneamente” algunos de los títulos que no son dignos de existir porque cada plano en ellos supondría la sustracción de una cucharada de leche de la boca de los hambrientos. Meses atrás, estigmatizó a Camuflaje; recientemente, envistió contra Partió de mí un barco llevándome, vituperio que al menos recuperó un fragmento de un verso de Pizarnik. Se dijo que la película de Cecilia Kang solamente la habían visto 84 espectadores. Con escasas copias de exhibición y dos o tres salas en todo el país, la película de Kang no está lejos de haber reunido más de 5000 espectadores, sin contar los espectadores extranjeros que la vieron en el Festival de Hamburgo y en el Festival de Lima. En efecto, lanzar números aleatorios como si fueran una prueba de un argumento constituye una forma descarada de mentira. ¿Qué decir cuando el presidente del INCAA sostiene que, desde el 2000 en adelante, el cine argentino está sumido en la decadencia? Es una injuria fácil de desmentir, pues el cine argentino del siglo en curso ha sido reconocido en todos los rincones del mundo, como lo hizo saber en su apoyo enfático la última edición del Festival de Cine de San Sebastián; aun así, preocupa detectar que los argumentos veraces parecen no tener eficacia contra la voluntad de daño y el goce de la crueldad.
En algo los números no mienten: durante el 2024, el INCAA no apoyó económicamente a ninguna película. El apoyo se concentró en películas cuyos presupuestos habían sido aprobados en los años precedentes. La resolución 626 / 2024 del concurso a la producción de 2024 beneficiará a dos documentales (50.000 dólares) y a ocho ficciones (225.000). Se presentaron casi 800 proyectos, y los elegidos recién podrán contar con el dinero en el 2025.
Donde vive el cine
Es un milagro, porque no es un negocio, que películas como Lo mejor está por venir (Moretti), Mixtape La Pampa (Di Tella), El niño y la garza (Miyazaki), La habitación de al lado (Almodóvar), La conversión (Bellocchio), Las cosas indefinidas (Aparicio), No esperes demasiado del fin del mundo (Jude) y Los que se quedan (Payne) se hayan estrenado. Ninguna llevó más público que la de Ortega. Son películas extraordinarias en donde la grandeza del cine pervive y fulgura, y que tienen también algo para decir sobre el mundo y sobre nosotros en él.
En efecto, Moretti acude a una memoria histórica de lo que pudo ser y podría volver a ser; Miyazaki, en cambio, entiende que lo hermoso del mundo ha dejado de suceder y se despide a la altura de su amor antes de que el apocalipsis se cumpla. Por su parte, Jude retrata lúcidamente la alienación del presente en relación con el pasado mientras se esmera en conjurar el estado de las cosas con humor y rabia. Algo distinto es lo que plasman cuidadosamente Aparicio, Almodóvar y Payne: creen en la decencia y vindican la amistad como una de las grandes invenciones de nuestra especie. Los caminos de Di Tella y Bellocchio son otros, porque viajan al pasado, reviven a personajes increíbles y demuestran la relación del cine las creencias. En todas las películas citadas hay pasajes indelebles.
Basta pensar la escena de todas las escenas del año: en La conversión un niño es testigo del hartazgo de nuestro señor Jesucristo en su papel de acarrear con todos los pecados del mundo. Cristo se baja de la cruz, mira al monaguillo y se retira de la escena. Algo así solamente se puede ver en el cine.
Roger Koza / Copyleft 2025
Ps: después del primer apartado, el texto fue publicado en Revista Ñ con otro título en el mes de diciembre.
Últimos Comentarios